12.10.09

Tan molesto como cálculo renal.

Columnistas de periódico... En un principio, hace mucho, pensaba que ser columnista era un privilegio. Me deleitaba con la columna de Victor Roura en El Financiero, la recortaba y releía. Luego conocí páginas de Jorge Ayala Blanco, con su tan peculiar uso del idoma y una lengua tan afilada y temida como alabada. En esos años pensaba que escribir en un diario sería fantástico, que quienes lo hacían, estaban más allá de la mortalidad.
Pasaron los años, y justo ayer entré a la página de un periódico local buscando información de los mensajes de las ejecuciones de "El Jefe de Jefes". Como lo esperaba, sólo encontré información escueta y poco útil. Eso no fue lo que me sorprendió, sino ver el nombre de un conocido, ahora columnista (aparentemente medio famoso) de ese diario. Con la picazón de una ladilla en el almá, leí la columna más por curiosidad que por gusto, ya que su estilo me ha parecido siempre demasiado cargado, falsamente solemne y sobre todo un tanto lambiscón. Lo acepto, quizá iba un poco prejuiciado, pero aún así le entré con gallardía.
Leí la columna.
Tres minutos después, checaba si aún estaba en la página del periódico y no en algún foro de discusión de Taringa.net o similar, porque la columna, demasiado suelta, demasiado lambiscona y sobre todo, demasiado personal, tanto como un blog, no me hacía la menor gracia.
Sé que comparar a Víctor Roura y al maestro Ayala Blanco con el sujeto-conocido-ahora-columnista es una barbaridad, pero me sirve para demostrar varias cosas, entre ellas:

1)Las columnas en los diarios son cada vez peores.
2)Cierto que las columnas tienen un toque personal, pero en este caso, parece que son diarios más que columnas.
3)Tiene razón Abenshushan cuando dice que los ensayistas (columnistas en este caso) tienen cada vez menos estilo
4)Cualquiera cree que tiene algo qué decir, cualquiera supone que sus vivencias son importantes para los otros.

El punto cuatro es el medular. El problema aquí es que parece que todo lo que se puede decir tiene valor; es decir, parece que todos tienen derecho, necesidad y obligación de decir lo que les venga en gana, como si el simple hecho de saber hilar unas pocas palabras los revistiera de interés común.

En pocas palabras, la columna era un asco: una porquería ella y su autor.

Por eso, mejor un blog, así, al menos quien entra, lo hace por voluntad.

Amen.

29.9.09

Un fiasco

Tal como lo sospechaba, mi ayuno fue un fiasco. Ayer a las 11 de la noche no pude más. Me comí un jitomáte y luego unos tenedores de pasta y medio panecito.

Ni hablar... lo haré de nuevo pronto y veré cuánto tiempo aguanto

¡Puras patrañas!

28.9.09

Día 1.

Ayer que decidí iniciar este proyecto tuve miedo, ¿hasta dónde llegaría, qué iba a ser lo que podría sentir? aún tengo miedo, miedo de fracasar, y miedo de triunfar, cuántos días serán y qué pasará conmigo a lo largo de los días, qué pasará conmigo, cómo serán mis actividades.

Tengo muchas preguntas, muchas. La principal es ¿por qué, por qué decido hacer esto? ¿para sentir el hambre que extermina en carne propia? ¿para poner a prueba mi voluntad? ¿para saber cuántos días podré soportarlo? ¿o simplemente para perseguir el sueño anoréxico? No lo sé, no sé a ciencia cierta por qué tomo esta decisión... sólo sé que ya la he tomado y que terminará en algún momento, en el momento justo...

¿Qué será de mí cuando pasen los días? ¿cómo será mi estado anímico y físico?

¿tendré dolores insoportables? ¿desaparecerán?

¿qué será de mí, en qué me convertiré?


Me convertiré en momia

22.9.09

Es un espejismo

Mi escritura es un espejismo: ni reflejo fiel ni suatancia real, sólo está en mí, en lo que me digo a mí cuando no puedo ser yo.

Mi escritura es un espejismo: víctima del articio y la vanalidad

Mi escritura es un espejismo: no es real, no se ciñe a mis ideas ni a lo que entiendo, se escapa y al escaparse no soy yo, ¿soy lengua/habla/sintaxis/afasia/dislexia/neuronas/código/mensaje?

Mi escritura es un espejismo.

Y así pasaron los días...

Luego, llegó el buen amigo Pales y platicamos un poco. En el transcurso de la plática llegamos al punto donde uno se da cuenta que en realidad no nos tomamos en serio la escritura.

"Llenamos revistas, no las hacemos porque tengamos algo qué decir" fue su frase lapidaria, y tiene razón, al menos para este blog: parace que debe estar ahí, que debe tener un lugar en la red, pero, ¿en realidad algo tengo qué decir? ¿hay algo que debo comunicar con urgencia, con imperiosa necesidad?
Lo he pensado y sí, tengo algo qué comunicar, algo que me hace querer concatenar cada una de las palabras; ese algo no es concreto, ni es hablar de las escructuras dobles de Jakobson o sobre la manera de analizar un relato.

Mi urgencia inicial, cuando empecé el blog era porque quería decirme a mí como otro lo que pensaba, es decir, leerme a través de una interfaz que me despersonaliza, que me saca de mí y me vuelca en un otro que a veces no reconozco y si reconozco es sólo porque tengo una especie de idiolecto que me recuerda a mí, o algo que pretendo ser.

Y así pasaron los días...

Y así pasaron los días...

Un amigo me sugirió que escribiera o, mejor dicho, que continuara escribiendo. Escribiendo cosas interesantes, decentes -dijo, no articulítos de cuánto te gusta el frontón [sic].

Lo pensé, lo pensé, lo seguí pensando... y mientras más lo pensaba, más me desanimaba y tenía una recurrente idea de qué sería bueno escribir, y de si debía/quería/podía escribir cosas serias, que fueran más allá de una simple mezcla de palabras y líneas que no van a ningún lado.
Me desanimé tanto que dejé de escribir acá en el blog, hasta que hoy pensé que quería volver a escribir en el blog.
El problema radicaba en que nada serio venía a mi mente y sólo me angustiaba pensar que yo también estaba seguro que este blog va en franca decadencia.

Y así pasaron los días...