25.2.10

Nuevas amistades, nuevos proyectos, ¿nueva casa?

Desde que decidí salir del grupo Walmart parece que la vida se va componiendo, como dijo Víctor: "seguro tienes menos dinero, pero eres más feliz"; y así es, me siento más contento, con más tiempo y con más peso... (aunque eso no me ponga muy contento que digamos). Se han iniciado proyectos con familiares, con amigos, con compañeros: de lo concienzudo y teórico a lo cuestionable e impulsivo. --------------------------------------------------------------------------
Milca se embarazó (o la embarazaron, no lo sé) y un sábado a las dos de la mañana parió. Fueron cuatro hermosos gatos, tres machos y una hembra, tres negros y uno blanco. Yo les corté el cordón y saqué a uno del saquito ese en el que vienen. Cada que lo recuerdo, siento el olor dulzón en la nariz y la sensación viscosa en las manos.

Así que ahora que somos 10 gatos (Alethé (antes Lethé), Milca, Lucius, Edda, los 4 cachorros, Mar y yo) se hace necesario una casa sola, grande, con jardín y espacio para la composta y quizá un mejor sitio para Zagreus-Ciruelo. Si todo sale bien y los proyectos avanzan, entonces se podrá hacer el cambio; sobre los gatitos, tenemos que regalarlos, la hembra es para Andrea y los otros tres esperan dueño... no sé si quiero dejar al blanquito, me recuerda tanto a Dionisio.
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Desde que Mar está en el taller, me ha invitado a un par de reuniones, ora por firma de obra, ora por un cumpleaños. He conocido gente muy interesante, al menos tres personas que me han hecho creer de nuevo en que siempre hay gente nueva que está ahí, esperando para encontrarse con uno.

Víctor, Román, Luis, David y algunos otros, son los que me han dado varios buenos ratos, buenas pláticas y afecto (de ese que que se nota sincero). Los lazos con amigos de antaño se han estrechado y cada vez me siento más en casa. Ya sea con su experiencia, con sus historias y vivencias, con su juventud e ímpetu, son su experiencia e incluso con su humor, todos aportan algo en este remolino de vida que tengo.

Gracias a todos, este post es para ustedes.

24.2.10

¡Se regalan gatitos!







3 machos: 2 negros y 1 blanco.

Informes en comentarios o al mail.

PS: Los entregó personalmente sin costo en Cuernavaca, Jiutepec, Huitzilac y D.F. (Zona centro-sur) con una bolsita de comida... mis lágrimas son sin costo :(




18.2.10

Y si...

Tal vez mi forma de relacionarme con el mundo no sea la correcta.
Quizá mi humor y mi existencia están cambiando y van en dirección al desastre. Quizá no es la vía, pero me engaño pensándola.

No lo sé. Sólo me queda claro que mis universo se colapsa y no me parece mal. No me angustia, quizá porque sé que tengo pocas pero muy sólidas certezas.

Tal vez por eso, tal vez por eso...

Bajo la tierra los ojos no observan, en la oscuridad los ruidos no inciden.

4.1.10

La primera del año

Recién se terminó el año y esta es la primer entrada del 2010.

Pasaron muchas cosas en el 2009: buenas, malas, gratas, angustiantes, deliciosas, increibles y horrendas; unas que no debería contar, otras que no quiero contar y otras que simplemente no contaré, al final las tres desembocan en el silencio, y es que si bien este año tuvo muchos sonidos, murmullos, diálogos, gritos y canciones, también hubo muchos silencios, algunos pesados, otros incómodos y algunos más necesarios.

Personas murieron, otras fueron lesionadas, lastimadas, otras no saben más de sí mismas y de otras no sabemos nada más. El 2009 fue un año como todos, el peor y el mejor a la vez por el simple hecho de haber sido en el que vivimos.

Hay mucho por contar, tanto que no sé qué es lo primero a escribir y qué lo siguiente, así que lo pensaré con calma otro tanto.

Ya iré soltando el teclado con algunas de esas cosas, y otras más, las diré sin escribirlas, sólo recordándolas.

Que este 2010 sea un año más, no el mejor ni el peor, simplemente el año en el que vivimos y acaso, en el que deberemos morir.

Albricias.

14.10.09

Tengo noticias de un lugar.

Tengo noticas de un lugar lejano en el que las personas poseen grandes estómagos y sus cabezas han perdido el cabello.
Tengo noticias de un lugar oscuro en el que huestes de niños pierden su vida detrás de una pantalla.
Tengo noticias de un lugar olvidado en el que el agua escasea y el sol quema como brasa.
Tengo noticias de un lugar mórbido en el que ordas de perturbados manan de cuevas subterraneas.
Tengo noticias de un lugar pestilente en el que los hombres se transportan en bestias metálicas que envenenan los aires con sus miasmas.
Tengo noticias de un lugar fatídico en el que los muertos no se lloran más y en el que los asesinos ríen por cada muerte.
Tengo noticias de un lugar yermo en que las mujeres son asesinadas y lanzadas a páramos solitarios.
Tengo noticias de un lugar maldito en el que las calles se atestan de esclavos sin cadenas y leprosos sin llagas, de dementes que se arrastran por las calles y monstruos que piden limosna al pie de los canceles.

Tengo noticias de un lugar... y de ese lugar yo, perpetuo trashumante, quiero ser testigo.

12.10.09

Tan molesto como cálculo renal.

Columnistas de periódico... En un principio, hace mucho, pensaba que ser columnista era un privilegio. Me deleitaba con la columna de Victor Roura en El Financiero, la recortaba y releía. Luego conocí páginas de Jorge Ayala Blanco, con su tan peculiar uso del idoma y una lengua tan afilada y temida como alabada. En esos años pensaba que escribir en un diario sería fantástico, que quienes lo hacían, estaban más allá de la mortalidad.
Pasaron los años, y justo ayer entré a la página de un periódico local buscando información de los mensajes de las ejecuciones de "El Jefe de Jefes". Como lo esperaba, sólo encontré información escueta y poco útil. Eso no fue lo que me sorprendió, sino ver el nombre de un conocido, ahora columnista (aparentemente medio famoso) de ese diario. Con la picazón de una ladilla en el almá, leí la columna más por curiosidad que por gusto, ya que su estilo me ha parecido siempre demasiado cargado, falsamente solemne y sobre todo un tanto lambiscón. Lo acepto, quizá iba un poco prejuiciado, pero aún así le entré con gallardía.
Leí la columna.
Tres minutos después, checaba si aún estaba en la página del periódico y no en algún foro de discusión de Taringa.net o similar, porque la columna, demasiado suelta, demasiado lambiscona y sobre todo, demasiado personal, tanto como un blog, no me hacía la menor gracia.
Sé que comparar a Víctor Roura y al maestro Ayala Blanco con el sujeto-conocido-ahora-columnista es una barbaridad, pero me sirve para demostrar varias cosas, entre ellas:

1)Las columnas en los diarios son cada vez peores.
2)Cierto que las columnas tienen un toque personal, pero en este caso, parece que son diarios más que columnas.
3)Tiene razón Abenshushan cuando dice que los ensayistas (columnistas en este caso) tienen cada vez menos estilo
4)Cualquiera cree que tiene algo qué decir, cualquiera supone que sus vivencias son importantes para los otros.

El punto cuatro es el medular. El problema aquí es que parece que todo lo que se puede decir tiene valor; es decir, parece que todos tienen derecho, necesidad y obligación de decir lo que les venga en gana, como si el simple hecho de saber hilar unas pocas palabras los revistiera de interés común.

En pocas palabras, la columna era un asco: una porquería ella y su autor.

Por eso, mejor un blog, así, al menos quien entra, lo hace por voluntad.

Amen.