26.7.10
Si una noche...
Si una noche de invierno un viajero decide tomar el numinoso camino que dicta Sebald y, anegado por las miasmas de su inmisericorde alma, se apea del brioso corcel para luego pisar el anegado fango, sepa que no faltarán esbirros que le busquen e instiguen a dejar el camino. Sepa aquel viajero que el sendero se cubre con espinas dolientes, pero en cada gota de sangre derramada al pasar entre espinos, encontrará una joya engastada en ámbar que, cual mágica runa, le librará de su ominosa errancia.
7.6.10
Los anillos de Saturno
Los anillos de Saturno, escrito por W. G. Sebald, publicado por la editorial Anagrama (antes se publicó en editorial Debate).
Este no es ni el primero ni será el último libro de Sebald que lea. Sin embargo, se acerca el fin de las obras disponibles al español y, aunque supiera alemán, se acabaría pronto también.
Sebald no escribió mucho, le sorpendió la muerte y nos dejó con un puñado de obras, muy pocas según mi opinión. A pesar de tan desgraciado evento, la obra que nos ha regalado Sebald es increible, inconmesurable, magnífica.
En Los anillos de Saturno, lo único, y a la vez lo más, saturnino es el ambiente que recrea el autor durante toda su novela. Ya en Sobre la historia natural de la destrucción pude reconocer a un escritor con ánimo melancólico, constantemente sumido en sí mismo y en su universo interior. Este universo interno, que paracería inaccesible a los otros, está plagado de confluencias con el exterior. En Los anillos Sebald recorre tantos temas como caminos, Sebald, eterno paseante, nos lleva de la mano de historias tan extrañamente conectadas como las enfermedades mentales de los sericicultores hasta la cría del arenque en Inglaterra; va de un modelo del Templo de Salomón a la historia de Chateaubriand.
Increible y a la vez comúnmente, en el libro existe muy poca acción. Quien se adentre a Los anillos en busca de trepidantes aventuras o descripciones decimonónicas de paisajes no encontrará solaz aquí. Quien, por el contrario, se adentre a los umbríos caminos que Saturno y la melancolía nos han dictado, encontrará una refulgente estancia para, cansinamente, observar el devenir del mundo.
Anegado de frases lapidarias que pueden ser el epitafio de tumbas memorables, este libro no es otra cosa que un viaje a través de los senderos de la humanidad, siempre marcada por la historia natural de su destrucción.
6.6.10
García, el grande
Vi a Charly García en el Auditorio Nacional.
Imparable
Increible
Inigualable
Inaudito
¡¡Aguante, García!!
Imparable
Increible
Inigualable
Inaudito
¡¡Aguante, García!!
26.3.10
Todas las cosas son fatigosas, más de lo que el hombre puede expresar
Cada día caminamos como ciegos y cada noche nos refugiamos de las sombras
todas las mañanas abrimos los ojos y bebemos un poco de agua
¿para qué?
Todos los días hablamos con alguien y vemos a los otros a los ojos
todas las noches dormimos y cada madrugada soñamos
¿para qué?
Para qué, si no habrá memoria de las cosas que hacemos ni de las que dejamos de hacer
si un día el polvo se apilará sobre nuestros huesos y la muerte bailará en las tumbas
si un día nadie recordará nuestros hechos y nuestras hazañas
Nada permanece, todo se va en el correr del viento, todo se destruye y todo se carcome
nada permanece más que el olvido
nada permanece, ni siquiera el dolor
Cada día aprendemos y cada día olvidamos
cada noche deseamos y cada mañana sufrimos
Todo es fatiga en el hombre y nada es solaz
no hay calma en la tierra sino lágrimas en el horizonte
Nada permanece más allá de nuestra vida.
Nadie continuará nuestra obra
nadie reconocerá nuestros frutos
Yo me pregunto, ¿para qué?
El tiempo se nos fuga de los dedos y la vida se evapora en cada soplo
nada permanecerá después que hayamos muerto
Yo me pregunto, ¿para qué?
Si toda nuestra vida es vanidad y perseguir vientos.
todas las mañanas abrimos los ojos y bebemos un poco de agua
¿para qué?
Todos los días hablamos con alguien y vemos a los otros a los ojos
todas las noches dormimos y cada madrugada soñamos
¿para qué?
Para qué, si no habrá memoria de las cosas que hacemos ni de las que dejamos de hacer
si un día el polvo se apilará sobre nuestros huesos y la muerte bailará en las tumbas
si un día nadie recordará nuestros hechos y nuestras hazañas
Nada permanece, todo se va en el correr del viento, todo se destruye y todo se carcome
nada permanece más que el olvido
nada permanece, ni siquiera el dolor
Cada día aprendemos y cada día olvidamos
cada noche deseamos y cada mañana sufrimos
Todo es fatiga en el hombre y nada es solaz
no hay calma en la tierra sino lágrimas en el horizonte
Nada permanece más allá de nuestra vida.
Nadie continuará nuestra obra
nadie reconocerá nuestros frutos
Yo me pregunto, ¿para qué?
El tiempo se nos fuga de los dedos y la vida se evapora en cada soplo
nada permanecerá después que hayamos muerto
Yo me pregunto, ¿para qué?
Si toda nuestra vida es vanidad y perseguir vientos.
23.3.10
Una breve cultural.
W.G. Sebald fue un escritor increible. Fue, además de profesor de literatura, un incansable lector de Kafka, de Mann y como uno se percata en sus textos, un viajero, un incansable caminante.
Sebald tiene una particularidad, en realidad muchas: en primer lugar, comenzó a publicar a una edad madura, algo así como 46 años, luego, pudieron ser editadas muy pocas cosas suyas porque le sorprendió la muerte en el 2001, tras estrellarse contra un camión. Así que tenemos el inicio y el fin de un escritor inconmesurable, que desafortunadamente no logró mostrarnos todo su potencial; sin embargo, las pocas obras que existen, casi todas traducidas ya al español, nos introducen en un sitio en el que sólo Sebald ha podido caminar sin morir en el intento (¿o será que no lo logró?).
No es mi intención hacer el recuento cronológico de sus libros, pero sí el de mi lectura de ellos.
Conocí a Sebald de una forma extraña, casual; el primer libro que leí de él, fue Austerlitz y cuando lo tomé, no pude parar. En esta novela, que es casi un monólogo de Jacques Austelitz, uno se siente triste, a veces angustiado, otras estupefacto, otras más simplemente se está ahí, leyendo sin saber qué cosa es lo que se está gestando en nuestro interior. Esa es una de las características de Sebald: nos anega con sus palabras, nos atrapa y no nos suelta, nos hechiza y aún al no estar leyendo, sus palabras resuenan en nuestro interior como en oscuras cavernas.
Sebald tiene otra característica que despliega en sus textos y que los hacen singulares: están "ilustrados" con fotografías, grabados, litografías, diagramas... no es que sea el único autor que ilustra sus libros, pero sí es el único que yo conozco (que no significa que no exista otro) que teje un discurso escrito a la par de uno visual, es decir, cuando leemos a Sebald vemos sus letras y sus imágenes, imágenes que no sabemos si primero fueron encontradas y luego escribió en función de ellas, o escribió primero y luego buscó las imágenes que complementaran su decir.
En realidad, mi opinión es que el proceso de creación de Sebald debe implicar las dos posibilidades, no hay otra forma de producir un texto tan cerrado si no es de esa manera.
Hasta el momento he tenido el agrado de leer Austerlitz, Sobre la historia natural de la destrucción, Del natural, y actualmente Los anillos de Saturno.
Si en Austerlitz la melancolía y el viaje son los ejes, en Sobre la historia natural de la destrucción se respira la desazón y la impotencia ante la locura de la guerra, ante el insensato deseo de destruir, (casi)natural en el humano, al otro. Del natural es francamente un texto difícil, es un gran poema en prosa dividido en varios capítulos que narran distintos acontecimientos, todos marcados por el desarraigo, la soledad y la angustia. Los anillos de Saturno, por su parte, es literalmente un cuaderno de viaje. En él encontramos las reflexiones de un personaje que es autor al mismo tiempo, aquí Sebald hace un despliegue sorprendente de información y nos seduce con una increible capacidad para tejer temas tan distintos como pueden ser la vida de Thomas Browne y la industria del arenque sin que notemos el cambio, sin que nos perturbe lo distinto de la lectura.
Ahí conocí a Saint Sebaldus Von Nüremberg, con un gorro que es la cabeza de un animal y su misteriosa capacidad para convertir el hielo en fuego.
Sebald tiene una particularidad, en realidad muchas: en primer lugar, comenzó a publicar a una edad madura, algo así como 46 años, luego, pudieron ser editadas muy pocas cosas suyas porque le sorprendió la muerte en el 2001, tras estrellarse contra un camión. Así que tenemos el inicio y el fin de un escritor inconmesurable, que desafortunadamente no logró mostrarnos todo su potencial; sin embargo, las pocas obras que existen, casi todas traducidas ya al español, nos introducen en un sitio en el que sólo Sebald ha podido caminar sin morir en el intento (¿o será que no lo logró?).
No es mi intención hacer el recuento cronológico de sus libros, pero sí el de mi lectura de ellos.
Conocí a Sebald de una forma extraña, casual; el primer libro que leí de él, fue Austerlitz y cuando lo tomé, no pude parar. En esta novela, que es casi un monólogo de Jacques Austelitz, uno se siente triste, a veces angustiado, otras estupefacto, otras más simplemente se está ahí, leyendo sin saber qué cosa es lo que se está gestando en nuestro interior. Esa es una de las características de Sebald: nos anega con sus palabras, nos atrapa y no nos suelta, nos hechiza y aún al no estar leyendo, sus palabras resuenan en nuestro interior como en oscuras cavernas.
Sebald tiene otra característica que despliega en sus textos y que los hacen singulares: están "ilustrados" con fotografías, grabados, litografías, diagramas... no es que sea el único autor que ilustra sus libros, pero sí es el único que yo conozco (que no significa que no exista otro) que teje un discurso escrito a la par de uno visual, es decir, cuando leemos a Sebald vemos sus letras y sus imágenes, imágenes que no sabemos si primero fueron encontradas y luego escribió en función de ellas, o escribió primero y luego buscó las imágenes que complementaran su decir.
En realidad, mi opinión es que el proceso de creación de Sebald debe implicar las dos posibilidades, no hay otra forma de producir un texto tan cerrado si no es de esa manera.
Hasta el momento he tenido el agrado de leer Austerlitz, Sobre la historia natural de la destrucción, Del natural, y actualmente Los anillos de Saturno.
Si en Austerlitz la melancolía y el viaje son los ejes, en Sobre la historia natural de la destrucción se respira la desazón y la impotencia ante la locura de la guerra, ante el insensato deseo de destruir, (casi)natural en el humano, al otro. Del natural es francamente un texto difícil, es un gran poema en prosa dividido en varios capítulos que narran distintos acontecimientos, todos marcados por el desarraigo, la soledad y la angustia. Los anillos de Saturno, por su parte, es literalmente un cuaderno de viaje. En él encontramos las reflexiones de un personaje que es autor al mismo tiempo, aquí Sebald hace un despliegue sorprendente de información y nos seduce con una increible capacidad para tejer temas tan distintos como pueden ser la vida de Thomas Browne y la industria del arenque sin que notemos el cambio, sin que nos perturbe lo distinto de la lectura.
Ahí conocí a Saint Sebaldus Von Nüremberg, con un gorro que es la cabeza de un animal y su misteriosa capacidad para convertir el hielo en fuego.
5.3.10
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