Si alguna vez alguien te golpeó afuera de unos tacos sólo porque al pasar le dijiste amablemente: "¡qué me ves, puto!"; si un bicitaxista te rompió la playera sólo porque sin darte cuenta invadiste su carril; si unos policías te magullaron el cuerpo porque, como buen samaritano, te lanzaste a golpear con el puño su ventanilla para que alguno de ellos despertara; si unos borrachos te persiguieron porque querías ser su amigo y les gritaste: "¡a ver, alcánzame! ¡aquí te espero pinche briago!"; o si en la secundaria fuiste agredido físicamente porque unos cholos te preguntaron "¿qué barrio paras?" e inocentemente respondiste justo el barrio que era su antítesis... entonces has sido una víctima de la injusticia del mundo, un mártir de esta sociedad decadente. Es por eso que, cansado de lamentarme, de sufrir en este valle de lágrimas, es por eso que hoy grito:
Oprimidos del mundo ¡uníos!
Para que esas bestias vestidas de humanos dejen en paz a los verdaderos homo sapiens, a la gente como yo que, ¡ay, pobres de nosotros! somos las víctimas sin merecerlo y que a pesar de ello hacemos de este un mundo mejor.
Oprimidos del mundo ¡uníos!